Depresión por problemas de pareja

Una mujer de 52 años consulta por depresión, refiriendo tristeza e irritabilidad (salta a la mínima), cansancio, pérdida de apetito, insomnio y una sensación constante de tensión que la acompaña durante todo el día.

Días antes de llegar a mi consulta el médico de familia le había prescrito tratamiento farmacológico: un ansiolítico, un antidepresivo y un hipnótico. La paciente no está segura de si tomárselos o no porque, aunque quiere recuperar el ánimo, eliminar la ansiedad y dormir bien, lo que realmente le interesa es mejorar su relación de pareja; de hecho, atribuye su depresión a la mala racha que atraviesa el matrimonio.

En ese contexto de duda sobre la toma de medicación solicita atención psicológica y encuentra en mi consultorio una escucha profesional de sus problemas conyugales.

Sus sentimientos iniciales eran sobre todo de impotencia, por el lugar secundario que ella ocupaba entre los intereses del marido así como por su tendencia a esperar que él hiciera un cambio en la conducta. Posteriormente empieza a reconocer la rabia contenida, que antes no se permitía sentir y que confundía con la sensación difusa de ansiedad.

Según avanza el tratamiento se da cuenta de que su madre la desmotiva cada vez que ella le comenta la posibilidad de realizar algún cambio dentro de su pareja, de modo que decide distanciarse de los imperativos maternos.

Con el paso de las sesiones, su discurso se va transformando y pasa a hablar cada vez más en primera persona: incide menos en lo que el marido le hace o en lo que su madre le dice, y comienza a verbalizar lo que ella cree que tiene que hacer para respetarse más a sí misma.

Este cambio de posición es fundamental: ha dejado de tener un lugar secundario en su propia vida y comienza a asumir el papel protagonista.

Desde este nuevo lugar, inédito para ella, logra ponerle límites al marido sin miedo al abandono: le expresa su rabia por la postura de él en los últimos meses, le aclara lo que ya no está dispuesta a seguir admitiendo, le dice abiertamente lo que espera de él.

¿Usted cree que un tratamiento centrado exclusivamente en los síntomas habría ayudado a esta mujer a salir de esa situación, insostenible para ella? ¿O que unos cuantos consejos generalizados habrían sido suficientes para que llevara a cabo los cambios deseados?

El proceso psicoterapéutico que siguió la ayudó a ver que estaba colocada en una posición dependiente, no sólo con el marido y con la madre sino en la mayoría de sus relaciones sociales. Los cambios que realizó los hizo actuando de acuerdo con sus propios sentimientos y su visión de las cosas, a un ritmo marcado por ella, sin precipitarse ni aplazarlos indefinidamente.

Conforme la paciente se fue acostumbrando a jugar un rol más activo en su vida, los síntomas de ansiedad y depresión fueron desapareciendo.

Quizás a usted le esté pasando algo parecido a esta mujer pero, aún así, su proceso psicoterapéutico no tiene por qué seguir el mismo camino que el de ella. Comprenderá que las particularidades de su historia las desconozco en estos momentos, por eso aún no podemos determinar nada acerca de cómo sería su tratamiento ni yo voy a aventurarme a darle consejos por este blog. Lo que sí le adelanto es que, si su sufrimiento es algo serio para usted, lo que merece es una atención profesional igualmente seria que le acompañe en su proceso de cambio.

Así sí le puedo ayudar.

Pero recuerde que todavía no sé nada de usted. Primero tengo que escucharle.

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