¿Cómo controlar la ansiedad ante la incertidumbre?

Cuando estamos esperando una noticia importante para nosotros, con trascendencia en nuestras vidas, como puede ser el resultado de unas pruebas médicas o el listado de aprobados de una oposición, es bastante habitual que el cuerpo responda con ansiedad. Esta ansiedad ante la incertidumbre nos come por dentro, puede impedirnos el descanso y nos distrae de cualquier actividad presente. En esos momentos solemos tener la cabeza en el futuro, en el “¿qué pasará si…?”

¿Se puede controlar esta ansiedad ante la incertidumbre? ¿Cómo?

En primer lugar, puesto que hay pensamientos que nos hacen sentirnos más ansiosos y dado que la ansiedad dispara este tipo de pensamientos, está claro que tendremos que romper este bucle.

¿Puedo detener mis pensamientos? Es cierto que los pensamientos acuden por sí solos a nuestra consciencia y nos sorprenden en cualquier situación, sin mediación de nuestra voluntad. De acuerdo, no podemos controlar su aparición. Pero hay algo que sí podemos hacer con control: podemos elegir mantenerlos presentes y alimentarlos para que crezcan, imaginando todo tipo de posibilidades y sus consecuencias, o bien dejarlos pasar y volver a centrar la atención en la actividad que veníamos realizando.

Seamos lógicos, aun a riesgo de parecer frívolos: la incertidumbre está referida a algo del futuro; del futuro nada sabemos. Por pensarlo mucho y con ansiedad, no vamos a influir en el resultado esperado: nuestro pensamiento no va a modificar el diagnóstico ni el orden de la lista de aprobados. Entonces, ¿para qué dejarnos atrapar por esos pensamientos? ¿Cuántas veces más necesitamos pensar lo mismo? ¿Cuántas horas al día vamos a estar preocupados por ese asunto?

Lo más conveniente es dejar marchar estos pensamientos sin entrar en mucha discusión con ellos. Algo de humor puede ayudar a despedirlos:

«Ya estoy yo anticipando… Como me conozco y sé que de esto acabo haciendo una película de terror, mejor lo dejo para otro momento… Esta noche le dedicaré un ratito a este tema: 15 minutos para regodearme en lo mal que estaré cuando me den la mala noticia… Pero ahora mismo estoy haciendo otra cosa y estoy con otras personas. La noticia aún no ha llegado».

No tenemos por qué enfadarnos con nosotros mismos cuando los pensamientos vuelvan a aparecer. Repetimos la operación y volvemos a centrarnos en el presente. Incluso podemos recordarles a esos pensamientos que cada noche les vamos a dedicar 15 minutos, ¡exclusivos para ellos!

¿Es mejor pensar en positivo? La ansiedad suele estar asociada a pensamientos negativos, pero tan absurdo es recrearse anticipando las consecuencias de que la noticia sea mala, como lo sería descorchar una botella de champán para celebrar el buen resultado que aún no ha llegado. No se trata de ser pesimistas, pero tampoco optimistas: ambas actitudes apuntan al futuro y nos alejan del presente.

Si, finalmente, la noticia es mala, ¿de qué ha servido empezar a sufrir con tanto tiempo de antelación? Si es buena, ¡cuánto tiempo perdido imaginando desastres!

¿No puede ser que los pensamientos me resulten útiles? Otra cosa distinta es que los pensamientos nos ayuden a prepararnos, a ensayar posibles respuestas (por ejemplo, antes de tener una entrevista de trabajo), a terminar de encajar piezas. Si son productivos no hay por qué erradicarlos. Ahora bien, también a estos pensamientos convendría buscarles un hueco en la agenda, para que no nos interfieran demasiado en el resto de actividades, y en ese hueco poder sacarles el máximo partido, sin distracciones, centrándonos –ahora sí- plenamente en ellos.

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