¡Qué bien viven los maestros!

«Dos meses de vacaciones, un buen sueldo y encima protestan».

Me duele oír eso cuando pienso en lo difícil que tiene que ser dirigir varios grupos de 30 niños o adolescentes cada día, para enseñarles asignaturas que a los alumnos la mayoría de las veces no les interesan porque no entienden todavía la importancia de esos temas para su futuro. Asignaturas que están dentro de un programa que los maestros tienen que cumplir, a pesar de los inconvenientes inevitables que surgen de trabajar durante meses con un grupo tan amplio de menores. ¿O acaso los niños son robots? Imagino que los niños enfermarán, otras veces estarán tristes, tendrán problemas en casa, desafiarán a los maestros; supongo que no siempre serán obedientes y aplicados.

Me duele oír que los maestros viven muy bien cuando sé que muchos tienen siempre las maletas hechas, dispuestos a irse a trabajar a donde los manden, recorriendo durante años su comunidad autónoma, después de haber aprobado los exámenes de oposición una y otra vez, hasta que por fin consiguen una plaza fija.

Me pregunto que por qué los que critican a los maestros por lo bien que viven no estudian Magisterio; que yo sepa, la Facultad de Ciencias de la Educación está abierta para todo el mundo.

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