Necesidad, demanda y deseo (I)

Dirigiendo el foco a la enseñanza de Lacan, que ha sido el autor que más importancia ha concedido al concepto de deseo en la teoría psicoanalítica, vamos a comenzar desarrollando la distinción que establece entre necesidad, demanda y deseo a partir del objeto perdido de la primera experiencia de satisfacción, que Freud ilustró mediante el modelo de la lactancia.

En El «deseo» en los primeros planteamientos de Freud comenté que cuando se reactiva la necesidad después del encuentro con la primera vivencia de satisfacción, va a emerger el deseo como impulso a cargar libidinalmente la huella dejada por la satisfacción primera, creando el objeto en la escena alucinada. Para Lacan esta huella tiene valor significante: es una representación psíquica de aquel objeto perdido para siempre y cuya pérdida lo erigió en la causa del deseo.

Los objetos de la realidad exterior no ostentan la capacidad de causar el deseo, sino que su función se limita a ser los señuelos a través de los que intentaremos reencontrar aquella primera satisfacción. Aclaremos que el deseo al que nos referimos en psicoanálisis es el deseo inconsciente, reprimido; el deseo como motor, como impulso, como causa.

Lacan reformula la hipótesis o el modelo del origen del deseo tratando de designar qué objeto es el objeto perdido causa del deseo. Para él, lo perdido es la condición natural del ser humano desde el momento en que queda capturado por la red significante. El lenguaje es anterior al nacimiento de cada persona e incluso al de los padres de cada uno. Cuando nacemos todos quedamos sumergidos en un baño de lenguaje que condiciona la manera en la que la realidad se nos va a presentar, recortada por las palabras, percibida como un conjunto de elementos en oposición, por el matiz de contraste que tiene la propia estructura del lenguaje. Desde esta perspectiva, la pérdida de las características naturales del objeto de la necesidad hay que entenderla como una pérdida estructural en el ser hablante.

La manera en la que el deseo inconsciente se va a articular en el lenguaje va a ser más bien sibilina, no va a aparecer claramente enunciado sino que se asomará veladamente a la consciencia, de modo insinuado, dispuesto a ser descifrado.

Volviendo al planteamiento de Freud que estoy tomando como referencia, el llanto del niño tiene en principio una función de descarga de la tensión displacentera producida por la necesidad, la cual se ha constituido en el campo de lo fisiológico. El grito será recogido por un sujeto adulto que asignará una intención, que otorgará un significado a dicho grito tomándolo como un llamado que espera algún tipo de intervención, esto es, el Otro está reconociendo detrás del grito la existencia de un sujeto que demanda.

Desde el momento en que el adulto responde al grito del niño interpretándolo como un llamado, se produce una transformación de la necesidad en demanda, la cual no pertenece a lo fisiológico sino que se inscribe en el orden del lenguaje. De este modo, la necesidad pierde su naturaleza biológica al depender para su satisfacción de la interpretación del Otro, que con su palabra media entre la necesidad y el objeto de satisfacción.

La palabra es la representación de la cosa, no la cosa en sí, y al ser representación nunca recogerá el sentido pleno de la necesidad. La necesidad transformada en demanda deja un resto que no ha sido recogido por el lenguaje, y ese resto de la necesidad que no encuentra representación en las palabras es lo que Lacan considera la causa del deseo.

Ahora podemos definir el deseo como aquello de la necesidad que no queda articulado en las palabras de la demanda, es una falta generada por el mismo lenguaje.

Esta imposibilidad del lenguaje de apresar la totalidad del sentido hará que el objeto del deseo sea un objeto inalcanzable que la demanda intentará significar, siempre sin éxito.

Daniel González
Psicólogo en Sevilla especialista en Psicología Clínica y Psicoterapia

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