La formación de síntomas psíquicos (II)

En el post titulado La formación de síntomas psíquicos (I) expuse una primera aproximación teórica a la formación de síntomas histéricos, obsesivos y fóbicos. Quisiera recordar que estamos partiendo del primer período teórico de Sigmund Freud, basado en el trauma y la defensa.

Vimos que, por intervención de la represión, la representación de una escena traumática queda desvinculada del afecto que la acompañó, y el afecto, al quedar libre, se transforma en excitaciones somáticas (mecanismo de conversión), dando lugar a síntomas histéricos, o bien se liga a otras representaciones más tolerables para el Yo (falso enlace), formando las obsesiones o las fobias.

Adelanté también que Freud describió otro mecanismo mucho más radical que la represión para explicar la formación de los síntomas psicóticos (alucinaciones y delirios). Veámoslo.

Este mecanismo de defensa consiste en el rechazo tanto de la representación traumática como del afecto, esto es, la persona actúa como si esa experiencia jamás hubiese tenido lugar. Pensemos en la muchacha abandonada en el altar el día de su boda y que años después continúa poniéndose el vestido de novia cada mañana, esperando la llegada de su amado. Esta mujer actúa como si este acontecimiento traumático jamás hubiese quedado registrado en la consciencia, con lo que se protege así del intenso dolor que le ocasionaría admitir el abandono, pero al precio de haber detenido su vida en aquel preciso instante y de tener que darle la espalda a todo hecho de la realidad que pueda contradecir «su verdad». Para mantener su ilusión, alucinará la voz del amado diciendo el nombre de ella y construirá una idea delirante para rellenar el vacío que ha dejado ese recorte de la realidad. Este caso ilustra claramente el mecanismo de rechazo, por la relación directa que existe entre los síntomas psicóticos y la parte rechazada de la realidad.

Pero además de esto, el análisis de sus pacientes reveló a Freud que en la mayoría de las ocasiones un suceso actual no es suficiente por sí mismo para adquirir el valor de «traumático», si no es por su asociación con un hecho análogo ocurrido en la niñez.

Así, descubrió en otros casos de alucinaciones auditivas (los pacientes oían voces que les insultaban) que las voces alucinadas eran, en realidad, autorreproches por aquellas experiencias infantiles, aunque deformados de tal manera que resultaban irreconocibles para el Yo.

Otro mecanismo de defensa empleado por el Yo para protegerse de lo que le resulta inaceptable es la proyección. Consiste en colocar en otras personas aquello que uno rechaza de sí mismo: deseos, intenciones, actos, sentimientos, etc. «No soy yo quien odia a esa persona sino que es esa persona quien me odia a mí». Este mecanismo está en la base de la desconfianza y de las ideas delirantes de persecución tan características del sujeto paranoico, aunque es cierto que todas las personas tendemos a utilizarlo en mayor o menor medida.

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