Cómo superar las decepciones familiares

La imagen interna que tenemos de nuestros seres queridos normalmente la hemos formado a partir de experiencias reales, así como por el lugar de referencia que han ocupado para las personas que nos hablaban de ellos.

Desgraciadamente, algunas situaciones difíciles e indeseadas del presente nos obligan a posicionarnos en contra de alguno de aquellos seres queridos que durante mucho tiempo habían sido importantes para nosotros.

Resulta doloroso comprobar que la persona que tenemos físicamente presente no se parece en absoluto a la imagen que tenemos de ella: las decisiones que ahora toma y sus comportamientos actuales no se ajustan a nuestras expectativas.

Ese desajuste entre «la imagen buena» que seguimos teniendo de esa persona y la realidad de su comportamiento nos deja sumidos en un pozo de tristeza, decepción, enfado, rabia, abandono.

En algunos casos, cuando la comunicación con ella se hace insostenible, no encontramos más remedio que romper la relación.

Sin embargo, aunque marquemos distancia, es probable que sigamos esperando que esa persona admita haberse equivocado y que vuelva a ser «la de siempre».

¿Por qué nos quedamos fijados a este anhelo de reencuentro que nunca se produce? ¿Cómo lograr la separación emocional de esa persona?

No sólo es importante reconocer los sentimientos hacia la persona real, cuyo comportamiento nos resulta incomprensible. Además, tenemos que hacer el duelo por la «pérdida de lo que nunca tuvimos».

La imagen «idealizada» de nuestro ser querido, que por idealizada no es una representación fidedigna de la persona real, es lo que estamos perdiendo y lo que nos resistimos a abandonar.

Evidentemente, si insistimos en conservar esa imagen es debido a que ha actuado como soporte necesario en nuestra constitución como sujetos.

Apegados a la imagen idealizada, no toleramos los defectos, carencias, torpezas que esa persona de carne y hueso muestra ahora en la realidad, pero que en el fondo siempre supimos que tenía.

Pese a que despedirnos de dicha imagen interna es un paso complicado, resulta necesario si no queremos que el duelo se convierta en un proceso arduo e interminable que nos mantendrá eternamente atados a esa persona, aunque sea por un lazo de odio, rabia y rencor.

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